Mi viaje a Japón (Parte VI)

Mañana del quinto día, nublado como siempre... desayuno en el hotel, despedida de la gente de recepción que han sido muy amables durante toda mi estancia allí, y rápidamente me dirijo hasta la estación de Ueno para coger el Shinkansen (tren bala) hacia Matsumoto.

Por cierto, una de las mejores ideas que existe para moverte por Japón es hacerse con el JRP o Japan Rail Pass, un abono que te permite moverte en todos los trenes de JR (Japan Rail) sin límite durante el período de vigencia del abono... yo por ejemplo, lo cogí para 15 días y me supuso la cantidad de 45100 yenes (unos 380 €) puede parecer mucho pero os digo que sale muy rentable ya que el Shinkansen que es el tren que más vas a tomar, es bastante caro.


Tras un viaje corto de 1 hora más o menos, llegué a una estación preciosa, pequeña, de otra época, me recordaba a las estaciones de los años 50 pero muy bien conservada y muy limpia.
Lo primero que hice fue ir a una máquina expendedora de café caliente y por 100 yenes tomarme un capuccino calentito que entraba de lujo.


Lo siguiente fue pasarme por la Oficina de Información turística para preguntar por un sitio para dormir barato y un par de mapas con lo más bonito que ver en Matsumoto. La suerte fue dar con una chica que hablaba muy bien el inglés, cosa que no es normal, y que muy amablemente me dio gratis, si, gratis, los mapas necesarios y me hizo la reserva del hotel en ese mismo momento. Ya tenía la mitad del trabajo hecho.
Hice Check-in en el hotel, dejé la mochila en la habitación, cambié el carrete de fotos y me dispuse a conocer tan pintoresco pueblo.

Fue una sorpresa inesperada que Matsumoto fuese tan peculiar, tan "anime" y tan bonito... todo te recordaba épocas pasadas, las calles, las casas, los jardines... y su gran Joya, el Castillo de Matsumoto o Castillo Fukashi.




Imponente y majestuoso, precioso, data de la época Sengoku y fue construido como un fuerte.
Se podía visitar y eso hice, 250 yenes por la entrada libre con guía en japonés... vale.
Un carrete entero me dejé en su interior, conservado impecablemente, con todos los aparejos antiguos, espadas, armaduras... ya sabéis.
No os pongo todas las fotos porque son MUCHAS.
4 horas estuve en su interior empapándome de su historia y de todos los detalles como el piso fantasma que desde fuera no se ve pero que por dentro existe como medida de seguridad.
Acojonante... pero tenía hambre y me fui a comer. Por suerte cerca del cajero en el que saqué dinero había un restaurante pequeñito especializado en gyoza... las empanadillas famosas, y me di el capricho de comerlas.
4 platos de gyoza, un camarero con los ojos como platos por verme comer y 3 tazas de te verde después me di una vuelta por los alrededores para bajar la copiosa comida.
Los parques son maravillosos, los pequeños templos budistas preciosos 

Se me pasó la tarde rápidamente entre tiendas de instrumentos japoneses, cervezas frías de la zona y espectaculares jardines... ya tocaba recogerme no sin antes comprar un ben-to para cenar.
A dormir que me esperaba al día siguiente otro viaje en JR hacia Kanazawa.

Próximo capítulo, Kanazawa, ciudad conocida por su farol circular... pero eso lo dejo para otro día.

Comentarios

Entradas populares